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Impronta en las dunas

La ciudad de arena.

    Andestdi se vio caminando por las calles de una ciudad de arena, justo la ciudad que sigue a los apuntalamientos y derrumbres. Calles con edificaciones sostenidas por la frágil argamasa del recuerdo, donde destellos de memoria hacen de intermitentes en los semáforos con las omisiones del olvido. Sombras de bolero y alcohol, murmullos de transgresiones a la vera del mar. una extensión de arenisco silencio amordazando multitudes. Jadeos de consignas en pos de un futuro yaciente en la ciudad-cementerio.

    Andestdi murmura:

                                           Una vez me dijeron que la Era estaba pariendo un Corazón y me lo creí...¡pero abortaba!

                                           Luego quedó estéril con un perenne embarazo psicológico.

                                          Hoy la Era sigue mendigando una semilla en la puerta de la Catedral de Arena.

                                          Los turistas le hacen retratos con sus artilugios digitales, quieren un recuerdo. Algo en el color del cansancio, pronostica una gran tormenta.

                                          La arena es volátil.

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2 comentarios

Abel German -

Me parece un logro excepcional ese modo, digamos, tangencial, sugerente y, sin embargo, plenamente reconocible, de tratar un tema tan complicado como es el de la frustración ideológica. La ruptura con lo que, al final, reconocimos como una trampa. El asunto político, que por lo general anda tan a las greñas con la poesía. La imagen de la era que aborta un corazón lo resume de manera genial.
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Robert -

L a arena esa volátil como la vida y los turistas que hemos sido retratamos la mugre, la decadencia y los finales que son los principios de quién sabe qué partos o abortos....
La era -la era a que te refieres- no aprobaría jamás una ley de eutanasia.
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