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Impronta en las dunas

Noche de Sanhain.

    Miró al cielo y creyó ver miles de hogueras en la noche. Un libro de fuego alimentándose del espíritu de miles de robles milenarios. Sintió como lo penetraba el poder de la naturaleza calma, la que llega más lejos sin pies ni alas para atesorar la fuerza y clarividencia de lo ignoto y se acurrucó en el ombligo del mundo. Entonces escuchó o presintió la Voz:

    Arden los robledales. Los druidas abren sus ojos y hojas para ver más allá de los que están y los que se han ido. Niños monstruosos, famélicos, recorren las calles y aporrean las puertas atrancadas. Este aquelarre el frío se quita la máscara y nos enseña el rostro. Las calabazas huecas tienen las velas apagadas y nos dejan desamparaddos en los caminos. Esta noche, mejor no abrir cuando alguien llama y puede que seamos los que estamos tocando. Arden los robledales.

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2 comentarios

Abel German -

Lo que más impresiona es lo que añades, al menos para mí, a la noche de todos los santos -la noche de los espíritus, o la poesía de la muerte-, y que es esa certeza que, mientras estamos vivos, es una duda, una especie de sospecha e, incluso, una ambigüedad. Es como si uno se desdoblase siendo ya, en parte, un espíritu otro que puede sorprendernos y tocar en la puerta. Nos recuerdas, pues, algo que a veces olvidamos y que, contrariamente a lo que suele pensarse, conviene recordar.
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Robert -

Andrés, "tu halloween" aco...ngoja, "La Voz" espanta. Yo no abriré la puerta, aunque toque yo mismo, ¡y que ardan los robledales!...Yo seguiré mirando al cielo para ver las miles de hogueras en la noche...¿habrán estrellas hoy?.
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