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Impronta en las dunas

Memorias del Ego.

    Huir hacía un mundo sin comparaciones, donde la visión de mí mismo sea un criterio absoluto. Sentir que la moral propia está en el centro mismo del motor del universo y nada me ha de contrariar con una u otra valoración, con uno u otro gesto hostil arropado a veces con una equívoca cordialidad. Ser inteligente, lo suficiente como para ser la inteligencia misma, por encima de toda polémica enraizada en la lógica, ser la lógica en sí, presumiendo de locura en la anatomía de los dioses. Ese deseo ahora, justo cuando se ha roto el espejo y no me queda otra referencia que tus ojos. Me miras con odio, odio argumentado con sustancia de tiempo y esa mirada no favorece en nada a mi imagen. Necesito huir a esa otra habitación con todos mis átomos y así sostener el culto íntimo al dios que soy.

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1 comentario

Abel German -

Un extraño canto a la individualidad. O, debí decir, a la defensa de la individualidad frente a lo hostil que nos puede venir (muchas veces nos viene sobre todo) de lo más inmediato. De los seres más inmediatos. Aquéllos que amamos y que quizás nos amaron y, quizás también, amemos y nos amen aún, aunque sin saberlo. Es un texto necesario y muy bien hecho.
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