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Impronta en las dunas

El bosón de Higgs.

    Hay horas propicias para escuchar la Voz en la undosa revelación del mar muerto, la hora del crepúsculo. Andestdi sabe que la Voz opina desde las más disímiles afinidades y discrepancias. No siempre está de acuerdo con la Voz y tal vez debiera estarlo, pero puede que el mensaje sea sólo una provocación interior, un estímulo para nuevos enfoques. Dice la Voz:

    Dios es y no es, por eso hay que escucharle. Las palabras íntimas de Dios son los matices del silencio, los imaginarios volúmenes del vacío, infinitesimales partículas poéticas dando cuerpo al poema de la Realidad. A Dios no se le cree, se le crea con el eco de su propia voz.

Vértigo amarillo.

    Y de nuevo Andestdi es sorprendido por la Voz, la agradece pues es un modo de no estar solo, pero es que nadie lo está. La soledad, siempre, es una multitud que calla. La deja hablar, humilde como sus huellas en la arena. Escucha.

    ...y llegará una mañana de cuervos blancos y palomas negras. Los payasos enterrarán el humor y los milagros en la fosa de la sonrisa de un niño al que le han arrebatado la infancia. Los viejos esparcirán granos-trampas a los pies de los espantapájaros y nadie descifrará el enigma. Una lluvia al revés, mojará las alas de los ángeles que se precipitarán como aviones abatidos sobre los trigales quemados. Entre las cenizas el esqueleto del pintor suicida y brotando del cráneo un girasol vértigo amarillo. Será un día muy largo... 

 

La esquina para las evasiones.

    La soledad compartida con distancias intratables es propicia para escuchar la voz. Es una voz curtida por los éxitos y fracasos, la voz del que siempre está despierto sin ser un ángel, pero nos guarda. Nuestra otra voz. Escuchar tal vez no es preciso, se intuye como poema, como sueño o sobresalto.Dice la Voz:

           Hay una esquina para las evasiones en la ciudad imposible. Podrás llevar el rostro en el bolsillo y abstraer la sonrisa para inoportunos viandantes, ser tan tú mismo que serás otro. Te ladrará la memoria y si no abres la puerta del olvido y corres por los pasillos de tan retorcida ciudadela no escaparás a la mordida. No sé si valdrá la pena esa esquina. No sé si valdrá la pena escaparse. De todos modos, saber su ubicación reconforta. 

Los relojes que desertan.

    Vivir dentro de un reloj, formar parte de su sustancia es el reto de Andestdi en esta broma de ser, ceer ser en la aniquilación de cada tramo y el imaginado tic tac. Rememora algo y lo escribe, moviendo los ojos, en un tramito de luz sin imágenes:

                                   Me incomodo con los relojes que desertan y adoptan horarios estelares. Se rigen por no sé qué estrella que hace siglos ha estallado y yo me creo su tic tac y hasta me apuro. De esa naturaleza son mis relojes y los compro en una de chinos, tienen ese encanto de lo milenario que se actualiza. Ella me ha dicho, mejores los de arena. No, le respondo, seguramente los de cenizas, con mis cenizas.

El agua en esa fijeza.

    Andestdi ha soñado que llovía o puede que lloviera, casi todas las lluvias caen en el engañoso mundo de la nostalgia. Hay algo monstruoso en esas lluvias, días devorados por las noches, el desgarrador rugido eléctrico y los flases que inmovilizan los paisajes aterrados. A veces la muerte. Andestdi, probablemente agradecido a la aparente tranquilidad de las dunas, al despertar al día sólo parcialmente nuboso y aireado, vuelve a escribir en la ternura de la arena:

             ¿No oyes el agua en esa fijeza? La lisa revuelve la memoria en el polvo del barranco y de las palmeras cae un descuido dulce. Un fantasma verde deambula entre símbolos resueltos por el ademán de una mano de arena. Los majos nos miran desde la tierra de la amnesia y se sienten extraños y nos dicen adiós como disculpándose.

          Andestdi sigue su marcha y parece  llover  sobre la dunapapelencantado.

El comentario

    Siempre voy al final de mis artículos y me encuentro con un lacónico: Sin comentarios...¡Ese es el comentario! Me aturde el ruidoso silencio del desierto, la algarabía de las ausencias, la plenitud de la monotonía. Creo que estoy cayendo en la trampa del hastío y no sé mirar, oír...sentir, sólo recuerdo. Sin comentarios. Son peligrosos los lamentos, en el desierto son improcedentes las lágrimas y Dios mira hacia otra parte. La paciencia es necesaria en la mochila. Al final, puede que no esté dando vueltas alrededor de un hueco negro y llegue a alguna parte. Oigo pasos. 

La sed

Andestdi escribe sobre una duna:

    Digo sed y las nubes extreman su prudencia en la fragilidad de los espejismos. Las caravanas difunden su fijeza en un paisaje de monotonía aparente donde los dedos del aire tejen su certeza. El oasis no está donde siempre, pero cada uno lo encuentra y bebe. La saciedad es el comienzo de una nueva sed que nos mueve hacia otra fuente. Somos súbditos de la sed y sus proyectos.

Andestdi le pregunta a alguien que pasa: ¿Qué te parece? y el viajero en tono cansado le responde: Es una duna muy bonita. Andestdi se pregunta si vale la pena, pero sabe qué lo hará de nuevo.Es la sed.

Escribir en la arena.

    Dicen que Jesucristo escribió, que se sepa, una sola vez, una frase en la arena. Es de suponer que sólo Dios sabe lo que puso, no obstante, dos milenios ha se sigue hablando del hecho. Yo, salvando las distancias, escribo sobre las dunas. Hay viento. No hay nadie a la vista y no estoy seguro del poder de resolución de los ojos en órbita, no de la órbita de los ojos. Nadie lee lo que escribo, nadie lo comenta ¿será un prerrequisito para que se hable de ellos dentro de dos milenios?¿Habrá alguien para comentarlo? Es imposible responder a dichas preguntas, luego son preguntas sin sentido. Escribo porque no puedo hacer otra cosa. Escribo lo que leo en lo profundo de mi conciencia ¿quién lo escribió? No  sé, pero quisiera que otros lo leyeran. Puede que cuando aparezca el viajero, sea un analfabeto o no conozca mi idioma, simplemente se admire de lo que cree entretenimientos del aire. ¡Habrá sucedido algo estupendo!

Tercera jornada.

    Hoy he visto una duna con puertas, una extraña invitación al cobijo en la árida travesía. Me golpeé el rostro. Desaparecieron las puertas y hasta las dunas. Pude apreciar algo que ya sabía, que deambulo por una falacia, que tras cada paso desaparece el camino que recién he creado, que tal vez no estoy en ninguna parte y pretendo escuchar voces, identificar rostros, saborear roces de calidez humana en esta vasta extensión de ondulaciones móviles. Oigo el reclamo lejano de un teléfono, a la antigua, los que timbran en las películas de Hitchcock. Sé que es imposible, como también lo son los pájaros o el adecuado crujir de una escalera. Timbra desolado y quisiera responder, pero es absurdo. Sí lo encontrara, lo más probable es que en ese instante cuelguen o me digan, perdón, me he equivocado. Este no es un lugar para teléfonos y hoy casi todos los son. Este es sólo un lugar para las búsquedas y los encuentros inesperados. Hoy, al abrir la puerta de mi casa, salí de una duna. En mi móvil, varias llamadas perdidas.

Cuando los horizontes se repiten.

   Luego de la breve muerte, ya resucitado, he mirado a mi alrededor y he comprobado que sigo en la misma trampa de dunas y horizontes. Hay algo tedioso a la vista, salvo el sol rutinario que cómplice me sonríe. Luego será mi verdugo. El viento o algún reptil introduce una novedad en la monotonía de la arena. Hoy, precisamente hoy, una duna parece congelar el tiempo y que algo se ha petrificado en esta región del desierto. Quisiera imaginar que es mi imaginación en contubernio con la memoria. Quisiera. No es posible que sea la misma, pero me temo serán similares las consecuencias. Cuando los horizontes se repiten hay que estar alertas. No todo son espejismos sin sustancia. Lo que me duele es no encontrarme con otro viajero, no me importa si es un fantasma o el descuido de un espejo. Si me ves, no huyas, puede que yo sea tú que regresas.

Como el jabalí de Murphy.

    Va a ser difícil encontrarme o quizás no. No soy el único jabalí en el desierto. Pero se dice que no existen las casualidades o porque existen, puede que tú, viajero del ciberespacio, encuentres esta página manchada de pensamientos y sientas la necesidad de conocer la fuente. En los desiertos no es fácil, pero existen y también aguas subterráneas. Si vuelves por aquí, en un instante inesperado, te diré: ¡Bebe!.

Disculpas.

    A ti que te has tenido la molestia de visitarme, espero que no lo lamentes y perdones mis novatadas. Por el momento sólo intento familiarizarme con el medio que hasta ahora me era desconocido. Los primeros intentos han sido fallidos y el primero que se edita va lleno de errores realmente desilusionantes. , espero que como las improntas en las dunas, que dan identidad a mi blog, el viento de la experiencia lo borre y tomen cuerpo los espejismos que quiero regalarles a modo de oasis mentales. Sólo quiero jugar con las imágenes que he ido atesorando en mi estancia en el mundo, ya va para seis décadas, hacerles partícipes de las mismas y en lo posible, compartir las vuestras. Vivo en una isla y vengo de otra, pero todos vivimos en islas, el universo todo es una isla que cabe en el entorno de nuestro cráneo. Hacia ese punto van mis caravanas, mis caravanas de sueños. Bienvenido a la imprecisa coordenada donde un día arribó un preguntón principito. ¡Gracias!